Vertebrados extintos

Antes de la llegada de los seres humanos, el número de especies de vertebrados autóctonos que habitaban el archipiélago era diferente al actual. Como ocurre en la mayoría de islas oceánicas, la fauna actual de Canarias está constituida sólo por una parte de las especies originales, donde faltan muchas especies endémicas. A estas habría que sumar las especies introducidas por los seres humanos: las especies exóticas.

Aún nos queda mucho por averiguar, pero hasta el momento conocemos dos reptiles, tres mamíferos y siete aves extintas, todas ellas especies endémicas de Canarias, que muy probablemente se encontraban vivas antes de la primera colonización del archipiélago que tuvo lugar hace aproximadamente unos 2000 años. 

Mandíbula y cráneo de un lagarto gigante de Tenerife (Gallotia goliath) arriba y abajo, y lagarto tizón (G. galloti) en el centro. Cada cuadro de la escala = 1 cm.

Algunas de ellas tienen unas  características anatómicas muy peculiares realmente llamativas. Las dos especies de reptiles extintas corresponden con lagartos de grandes dimensiones, uno de ellos endémico de la isla de La Palma (Gallotia auaritae) y otro de la isla de Tenerife (G. goliath). Estos animales podían superar con facilidad el metro de longitud. Las especies de mamíferos extintas son el ratón del malpaís (Malpaisomys insularis) que habitó en las islas orientales e islotes próximos, y las ratas gigantes que habitaron en las islas de Tenerife (Canariomys bravoi) y Gran Canaria (C. tamarani) respectivamente.

Cráneo y mandíbula de rata gigante de Tenerife (Canariomys bravoi) a la izquierda, y de rata negra (Rattus rattus). Cada cuadro de la escala = 1 cm.

Estos roedores constituyen dos géneros endémicos extintos, que junto con Gallotia -los lagartos del archipiélago- son los únicos géneros endémicos de vertebrados de Canarias. El ratón del malpaís tenía un tamaño que era aproximadamente el doble al de un ratón casero y debe su nombre a que sus restos son abundantes en cuevas localizadas en zonas de malpaís. Las ratas gigantes eran bastante mayores, su peso podría alcanzar un kilo y una talla comparable a la de un conejo.

Entre las aves extintas hay dos pardelas del género Puffinus; la pardela del jable (P. holeae) y la pardela del malpaís (P. olsoni). Se llaman así porque la primera de ellas nidificaba en dunas de arena o “jable” de las islas de Fuerteventura y Lanzarote, mientras que la otra lo hacía en cuevas de zonas del malpaís de esas mismas islas.

Huesos de la pardela del malpaís (Puffinus olsoni) con signos (quemaduras, fracturas y cortes) de haber sido consumidos por aborígenes .

Actualmente sobreviven en Canarias dos especies de este mismo género pero que no son endémicas del archipiélago; la pardela pichoneta o “estapagao” (P. puffinus) y la pardela chica (P. lherminieri) ambas en una situación crítica de conservación. Otra ave extinta es la codorniz canaria (Coturnix gomerae) que sin bien como su nombre indica sus restos fueron localizados en un primer momento en la isla de La Gomera, hoy sabemos que habitaba la mayor parte de las islas del archipiélago. Era una especie que tenía unas alas de un tamaño similar a la codorniz común pero con unas patas más largas y, sobre todo, más robustas lo que indica unos hábitos más terrestres y menos voladores que las codornices comunes (C. coturnix). También existieron otras tres especies de paseriformes; el escribano patilargo (Emberiza alcoveri), el verderón de Trias (Chloris triasi) y el verderón de pico fino (C. aurelioi). La primera y la última habitaron en los bosques de Tenerife, mientras que la segunda lo hizo en los de La Palma. El escribano patilargo constituye un ejemplo muy llamativo entre los vertebrados insulares ya que, es uno de los pocos ejemplos conocidos de paseriforme que perdió la capacidad de volar (los otros pocos ejemplos corresponden con unas pocas especies extintas de Nueva Zelanda), por tanto desarrollaba su vida en el suelo, muy probablemente en el sotobosque de la laurisilva donde encontraba una enorme abundancia de semillas e insectos de los que se alimentaba. Esta rara característica se puede explicar por la ausencia de depredadores terrestres en los hábitats originales de las islas. Las especies de verderón extintas eran muy diferentes entre sí.

Reconstrucción del verderón de picofino (Chloris aurelioi) una especie de paseriforme endémica y extinta de los bosques de Tenerife. Recreada por A. Bonner.

(https://doi.org/10.1371/journal.pone.0012956.g004)

El verderón de Trias tenía un pico incluso de mayor tamaño que el de los pinzones azules (Fringilla teydea y F. polatzeki) que habitan en los pinares de Tenerife y Gran Canaria respectivamente, mientras que el verderón de pico fino presentaba un pico más estilizado, de forma cónica, con una morfología similar e intermedia entre un pinzón azul de Tenerife y un pinzón vulgar (F. coelebs). Es muy probable que esto se deba a un fenómeno denominado “desplazamiento de caracteres”, donde las características morfológicas de especies que coexisten evolucionan para diferenciarse, en este caso el pico, minimizando así la competencia entre ellas. Es uno de los pocos ejemplos conocidos donde gracias al conocimiento de la morfología de una especie extinta es posible entender y explicar la morfología de las especies que aún sobreviven en un determinado ambiente, en este caso los bosques de Tenerife. Todas las especies anteriores se conocen exclusivamente gracias a los huesos hallados en yacimientos paleontológicos como cuevas o dunas. Sin embargo a esta lista de aves endémicas extintas habría que sumar otra especie, el ostrero canario (Haematopus meadewaldoi). Esta ave, que habitó las islas e islotes orientales del archipiélago, se extinguió en el siglo XX pero fue observada y cazada por algunos ornitólogos, por lo que se conservan ejemplares disecados en algunos museos.

Pero, ¿cuándo y por qué desaparecieron estas especies? La primera población humana del archipiélago introdujo de forma intencionada especies exóticas como cabras, ovejas, cochinos y perros, pero también ratones domésticos involuntariamente, lo que sin duda provocó un impacto brutal sobre los ecosistemas originales del archipiélago. Gracias a las dataciones con carbono 14 (14C), hoy sabemos que algunos de los endemismos extintos como las ratas gigantes o la pardela del jable, muy probablemente, se extinguieron a raíz de la llegada de la población aborigen hace unos 2000 años, ya que sus últimos registros (sus dataciones 14C más recientes) se sitúan muy próximas a esta fecha. Esta pardela, al presentar una talla considerable y nidificar en zonas accesibles pudo representar un recurso trófico de fácil obtención para la población aborigen, mientras que la introducción de una especie altamente prolífica como los ratones, puede haber jugado algún papel en la extinción de las ratas gigantes, sin descartar otras posibles causas provocadas a raíz de la colonización humana. Por otro lado, también sabemos que otras especies como la pardela y el ratón del malpaís sobrevivieron a las alteraciones producidas por la población aborigen y desaparecieron coincidiendo con la colonización europea del archipiélago. Probablemente estas extinciones estén relacionadas con la introducción de nuevas especies invasoras como la rata negra (Rattus rattus) y sus impactos tanto directos -la depredación-  como indirectos –la introducción de parásitos y enfermedades- a la fauna autóctona. En el conjunto de los archipiélagos de Macaronesia (Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde), el número de especies endémicas y extintas a raíz de la colonización humana, a día de hoy supera la veintena, aunque sabemos que el número real es bastante mayor. Si tenemos en cuenta este volumen de extinciones, sobre todo en el caso de las aves, comprobaremos que las especies endémicas que aún sobreviven son sólo una pequeña parte de las originales. Este proceso de empobrecimiento biológico comenzó hace unos 2000 años y continua activo tanto en Canarias como en el resto de archipiélagos oceánicos, desarrollando un papel protagonista en la denominada “sexta gran extinción” debido al número de especies insulares desaparecidas. En buena parte depende de nosotros garantizar la supervivencia de las especies endémicas de Canarias que aún sobreviven, y evitar así que pasen a engrosar la vasta lista de especies extintas por causas humanas.