Sobre la necesidad de conservar nuestra naturaleza marina

Los océanos y mares han prestado y siguen prestando importantes servicios a la humanidad. Regulan el clima, producen una gran cantidad de recursos esenciales, como alimentos de alta calidad, y ofrecen muchas posibilidades de ocio y disfrute. Sin embargo no los estamos cuidando como es debido, la superpoblación humana los está alterando profundamente y genera cambios importantes en su naturaleza, en la biodiversidad marina,  con la consiguiente pérdida de los mencionados servicios.

Las actividades humanas alteran la biodiversidad marina por cinco vías principales:

1. La sobreexplotación de organismos marinos (la mayor fuerza transformadora a escala regional).Estos procesos producen alteraciones en el ecosistema: cambios en la dominancia y abundancias relativas de las especies, disminución de la abundancia total y tallas medias, menor reclutamiento debido a una insuficiente biomasa de reproductores, pérdida de diversidad genética intraespecífica y alteración física de los biotopos y hábitats, entre otras afecciones.

2. La contaminación química, los plásticos y otros materiales extraños, la eutrofización y consecuencias relacionadas tales como “blooms” de fitoplancton tóxico (efectos principalmente a escalas locales, salvo el de la contaminación por plásticos que ocurre a nivel global).  Un ejemplo de los efectos nefastos de la eutrofización lo hemos visto hace poco tiempo en el Mar Menor murciano. Por su parte, los plásticos están generando un creciente problema, pues aparte de producir alteraciones en el paisaje y en la fauna, que los confunde con comida (plancton gelatinoso), su degradación produce microplásticos que entran en las cadenas tróficas afectando a la fauna, al ecosistema y a nuestra salud.

3. Alteraciones físicas de los hábitats  (efectos a escalas locales), relacionadas principalmente con la transformación de las costas por obras, los dragados y el impacto que producen algunas artes de pesca en los fondos. A destacar en el caso de Canarias el impacto que originan las megaobras, como es el caso del puerto de Granadilla o el que se plantea para Fonsalía, y la proliferación de puertos deportivos y playas artificiales.

4. El cambio climático:aumento de la temperatura, acidificación, aumento de la radiación UV beta, etc. (fuerza emergente  a escala global que genera sinergias a escala regional). Todavía no conocemos bien el efecto en los ecosistemas de estas sinergias, pero ya hay datos que muestran que pueden dar lugar a alteraciones importantes; por poner un ejemplo, véase el caso de las llamadas microalgas que proliferaron extraordinariamente en la superficie de las aguas canarias en algunos años recientes, en los que el agua caliente coincidió con periodos de calima que les aportaron nutrientes, un fenómeno que generó mucha controversia y problemas sociales y económicos.

5. La invasión de especies no indígenas (alóctonas o exóticas) y de otras nativas en expansión descontrolada(una fuerza emergente de efectos a escalas regionales). La acuicultura  introdujo algunas especies en varias islas y otras especies de origen tropical  han sido introducidas en Canarias por las embarcaciones, principalmente por las plataformas petrolíferas, asociadas a los cascos o a las aguas de lastre, y ahora se ven favorecidas por el aumento de temperatura; algunas de ellas son estructurantes o poderosos herbívoros y carnívoros y pueden llegar a producir profundas alteraciones.

Actualmente se considera que la sobrepesca es la fuerza transformadora que más afecta a la biodiversidad y sus efectos se refuerzan a escalas regionales debido a la sinergia con fuerzas de fondo globales, como el cambio climático, o locales como la contaminación o la destrucción física de hábitats costeros.

Todos estos procesos degradantes repercuten en una pérdida de las funciones de los ecosistemas marinos y de los servicios que obtenemos de ellos. Por lo tanto, se hacen necesarias medidas urgentes para garantizar su conservación y la sostenibilidad de sus producciones. La conservación de la biodiversidad marina es un tema candente hoy en día, especialmente relevante en los sistemas insulares por sus especiales condiciones ambientales. Sin duda, son muchas las razones que justifican la conservación de la naturaleza: económicas, ambientales, sociales, culturales, éticas, científicas e incluso psicológicas, pues a todos nos gusta disfrutar de un paisaje costero y marino hermoso y bien conservado. 


Gymnothorax bacalladoi (Böhlke& Brito, 1987), el Murión atigrado es una morena de pequeño tamaño y difícil de observar, que se encuentra en las Canarias occidentales, Madeira y Cabo Verde, descubierta en 1986 y dedicada al profesor Juan José Bacallado

Antes de entrar de lleno en los fundamentos de la conservación marina, analizaremos brevemente las particularidades de la naturaleza marina canaria. Nos encontramos en un archipiélago de un alto nivel de biodiversidad, con una original mezcla de especies de muy diversos patrones biogeográficos, integradas en comunidades también particulares y diversas, aunque con bajas tasas de endemicidad. Estas características responden a la propia situación geográfica del archipiélago, en una latitud subtropical, cerca del continente africano, bajo la influencia  de su afloramiento de aguas frías, y en medio de un circuito de corrientes y vientos que generan complejos procesos oceanográficos mesoescalares, dando lugar a gradientes ambientales este-oeste y norte-sur muy marcados a nivel archipielágico e insular, lo cual contribuye a que exista una elevada heterogeneidad de hábitats para especies de muy diversas afinidades ambientales. Tal es la diversidad que, aún sin tener todavía un buen conocimiento de la fauna de los fondos profundos y de algunos grupos de organismos pequeños de la litoral, el número de las conocidas supera ya las 7000 y sigue creciendo a un ritmo alto. Por ejemplo, en el recién elaborado catálogo español de especies marinas el número de especies de peces supera las ochocientas, muchas más que en cualquier otra zona equivalente del litoral de la península ibérica, de las costas saharianas próximas, y de Azores y Madeira. Resumiendo, a la luz de los conocimientos actuales sobre los valores que presenta la biodiversidad marina canaria, podemos destacar que a nivel de las especies, como ya señalamos anteriormente, nos encontramos ante una biodiversidad muy elevada en comparación con territorios del entorno, con presencia de muy pocos endemismos canarios y un número también bajo, aunque claramente mayor, de endemismos compartidos con las islas del entorno macaronésico (Azores, Madeira y Salvajes), indicativo, como era de esperar, de que la escala espacial de la endemicidad es distinta a la del medio terrestre. Además, esta biodiversidad presenta particularidades extraordinarias a nivel específico, como la presencia de poblaciones residentes de varios  cetáceos y de otras bien conservadas de especies amenazadas a nivel mundial de cetáceos y elasmobranquios, como son por ejemplo los casos del delfín mular y el angelote. Por otra parte, Canarias es una importante zona de paso migratorio de diversas especies de la megafauna pelágica, caso de varias tortugas, tiburones martillo y rorcuales entre otras especies amenazadas. Así, se cumplen claramente dos de los tres requisitos básicos a tener en cuenta para considerar a nuestro archipiélago como un hotspot o punto caliente de biodiversidad marina, aunque el tercero, la endemicidad, no se cumple a escala de nuestro archipiélago y sólo alcanza un nivel de cierta relevancia a escala de la ecorregión biogeográfica macaronésica.

El zoantídeo con esqueleto Savalia savaglia, una especie de distribución atlanto-mediterránea, forma densas y espectaculares poblaciones en los fondos rocosos, debajo de los 40 m, en zonas concretas de algunas islas

 Ya en un nivel de organización superior, señalar que la heterogeneidad ambiental mencionada anteriormente da lugar a que los hábitats y las comunidades estén muy diversificadas y fragmentadas, formando una compleja estructura en mosaico, donde fondos rocosos, sebadales, arenales y otros biotopos litorales se superponen en espacios cortos, existiendo entre ellos un intenso flujo de nutrientes, materia orgánica, diásporas (larvas, esporas y otros propágulos), así como de biomasa de organismos vágiles juveniles y adultos. Son también muchas las comunidades de gran importancia a mayor profundidad, comunidades estructurantes a las que se asocian multitud de especies, como los jardines de gorgonias, corales negros, corales naranjas, esponjas y corales blancos, todavía poco estudiados pero muy extendidos por todo el archipiélago.

Pero, por otra parte, los estudios también constatan que esta rica biodiversidad está amenazada, lo que plantea la necesidad de adoptar medidas de conservación importantes, máxime cuando nos encontramos actualmente en un escenario de cambio climático, que implica un incremento de la temperatura y la acidificación del agua, de efectos aún por determinar. Y esto ocurre en un archipiélago con islas muy pobladas, con aguas azules y transparentes de baja productividad en general, donde las actividades antrópicas en el medio marino están creciendo aceleradamente, en particular las actividades extractivas de recursos vivos, y propiciando también la introducción de especies alóctonas o exóticas, algunas de las cuales son potencialmente invasoras, capaces de modificar de forma notoria la naturaleza marina.

La Patella candei es una lapa en peligro de extinción en Canarias, solo se encuentra en poblaciones muy pequeñas en puntos localizados de la costa oriental y sur de Fuerteventura. La otra población de este endemismo macaronésico se encuentra en las Islas Salvajes y está bien conservada

La conservación de la biodiversidad marina se basa en leyes y se apoya básicamente en varios pilares fundamentales: las áreas marinas protegidas (AMPs), los catálogos de especies amenazadas, la legislación de ordenación pesquera o de uso de los recursos, y la legislación de impacto ambiental. Existe un cuerpo legal importante sobre estos aspectos, tanto a nivel regional como nacional e internacional, pero su aplicación es deficiente por lo general y actualmente se considera fundamental crear más espacios marinos protegidos en todo el mundo, si bien muchos de los espacios existentes carecen de vigilancia efectiva (las llamadas reservas de papel) y de zonas de protección integral. Estos dos requisitos se consideran actualmente esenciales para asegurar la conservación integral de hábitats, comunidades y especies,  y para cumplir con las funciones productivas esperables  de un espacio protegido, como la recuperación de los recursos en su entorno y la puesta en valor de una naturaleza en buen estado de conservación mediante actividades económicas blandas y sostenibles. Sin embargo, se habla de que sólo un 1% de la superficie de los mares está incluida en espacios que cumplen estos requisitos y el total de áreas protegidas no supera el 5%.

Los principales objetivos de las áreas marinas protegidas se resumen en los siguientes puntos:

  • Conservar especies, comunidades  marinas y zonas de alto valor biológico, ecológico y productivo
  • Propiciar una recuperación de los recursos pesqueros en el entorno de forma que permitan el desarrollo una actividad pesquera sostenible
  • Generar nuevas economías en la zona poniendo en valor el buen estado de conservación de la biodiversidad y la calidad de los recursos
  • Conservar  el patrimonio cultural local relacionado con el medio marino y generar nuevas actividades educativas y de investigación.
Reserva marina de La Graciosa y los islotes de Lanzarote

La declaración de espacios marinos protegidos en Canarias empezó tarde y todavía hoy en día, a pesar de la gran presión que se ejerce sobre los recursos y los hábitats costeros, los planes de conservación y los propios espacios protegidos son muy escasos y en su mayoría poco efectivos. Actualmente existen tres reservas marinas (La Graciosa y los islotes del norte de Lanzarote, La Restinga-Mar de Las Calmas y la de La Palma), varias ZECs (Zonas Especiales de Conservación), muy pocos espacios declarados por la ley canaria de espacios naturales, y dos zonas propuestas como LICs (Lugares de Interés Comunitario), como son el Banco de La Concepción y un amplio sector de la costa oriental de Lanzarote y Fuerteventura, de ambientes profundos. Desafortunadamente solo las reservas marinas incluyen zonas de protección integral y una clara sectorización de usos, además de disponer de una vigilancia permanente. Es necesario rediseñar  algunos de estos espacios y crear áreas marinas protegidas con zonas de protección integral en el resto de las islas, para algunas de las cuales sabemos que existen proyectos desde hace mucho tiempo, así como también espacios menores de alto valor ecológico, que también contribuyen a la educación ambiental y a realizar actividades de turismo sostenible, como son las llamadas microreservas. 

Reserva marina de La Restinga – Mar de Las Calmas

En fin, insistir en que la  protección de la biodiversidad marina es todavía hoy una asignatura pendiente en Canarias. Actualmente se habla mucho de economía azul, pero para garantizar la sostenibilidad ambiental que se postula es necesario la creación de más espacios protegidos y mayor compromiso con la conservación. Los estudios más recientes ponen de manifiesto que se necesitan más espacios protegidos que representen las características de la biodiversidad marina canaria en su conjunto, diseñados también en función de las nuevas fuerzas transformadoras emergentes y sus sinergias, a fin de incrementar la capacidad de resiliencia, y enfocados igualmente a generar riqueza y bienestar a la población. Las características de la biota canaria exigen un plan de conservación a nivel insular, con espacios de diferentes dimensiones y medidas de conservación, en función de los valores existentes,  y al menos un área de gran extensión en cada isla para cumplir funciones productivas. Como se mencionó anteriormente, para ello es necesario sectorizar bien los usos, crear más espacios de reserva integral e implementar una buena vigilancia. 

Para finalizar quisiera dejar constancia de que el objetivo se puede conseguir, hay conocimientos y herramientas para ello, pero son necesarios el compromiso social, un buen plan de gobernanza y la colaboración entre usuarios, científicos, gestores y organizaciones medioambientales. El objetivo es favorecer la integración de las medidas de conservación con las actividades humanas para garantizar un medio marino futuro bien conservado y verdaderamente sostenible.

Alberto Brito Hernández. Catedrático de la Unidad Departamental de Ciencias Marinas. Universidad de La Laguna.