La Educación Ambiental es hija del deterioro ambiental y nace para despertar conciencias

Descubriendo el mundo subterráneo

Hace unos 4600 millones de años surge el mágico momento de la creación de la vida. A partir de un organismo simple, sencillo y microscópico, que es empujado por la incansable y creativa evolución, surgen multitud de seres de tamaños, formas, colores y estrategias diferentes, que van poblando nuestro planeta.

La larga escala del tiempo, sometida a constantes cambios, obliga a las especies a ir cediendo su existencia en pro de otras nuevas, como si se tratase de una carrera de relevos, que va generando por el camino nuevas formulas de vida.

Si extrapolamos la larga historia de la vida a un solo día, en sus últimos segundos sucede el nacimiento de una especie peculiar, nuestra especie (Homo sapiens), un ser que tiene una capacidad de aprendizaje muy superior al resto de sus congéneres.

La especie humana a medida que avanza en su andadura, y desde su imaginario podio de superioridad e inconsciencia, va incumpliendo las reglas y ritmos que marca la naturaleza, alejándose de ella. Tanto es así, que en nuestra escasa existencia, hemos sido capaces de agotar, contaminar y destruir una obra irrepetible, de miles de millones de años, de la que formamos parte y dependemos para sobrevivir.

A finales de la década de 1960 y principio de 1970, personalidades del ámbito científico y naturalista alertan de la degradación que está sufriendo nuestro planeta por la acción humana y de la urgente necesidad de que la sociedad tome conciencia de esta situación y adopte un cambio de aptitud en pro de su conservación. Nace, la educación ambiental, una hija del deterioro ambiental que ha de despertar consciencias. Su propósito es establecer un proceso permanente en el que individuos y comunidades toman conciencia de su medio y adquieren los conocimientos, los valores, la destreza, la experiencia y también, la voluntad que los haga capaces de actuar individual y colectivamente en la resolución de los problemas ambientales presentes y futuros.(Congreso Internacional de Educación y Formación sobre el Medio Ambiente, Moscú 1987).

La educación ambiental permite enfocar las miradas y descubrir de dónde venimos, así como el estrecho y vital vínculo que tenemos con la naturaleza y su sorprendente biodiversidad. Abandera la esperanza de que nuestra especie cambie de rumbo e inicie un camino hacia la sostenibilidad.


El Libro Blanco de la Educación Ambiental en España quiere promover la acción pro-ambiental entre individuos y grupos sociales; una acción informada y decidida en favor del entorno y hacia una sociedad sostenible, realizada en los contextos vitales de las personas: hogar, trabajo, escuela, ocio y comunidad.